El semestre pasado discutí con uno de mis alumnos y al llegar las evaluaciones encontré un comentario muy bueno que decía,El maestro en innecesariamente sarcástico.
innecesariamente sarcástico, si no soy sarcástico por necesidad, eso debe significar que lo hago como un lujo, es decir, me doy en lujo de ser sarcástico… ok
No me enorgullece en forma alguna ese comentario ni crean que no valoro sus opiniones, y si les cuento esta anécdota no es para “defenderme” ni mucho menos, simplemente creo que fue divertido.
Una de las sesiones más frustrantes para mis alumnos de la UIA (y para todos aquellos humanos que decidimos NO estudiar Sistemas) es la sesión donde programamos HTML, es una práctica cuyo objetivo es comprender la estructura de el lenguaje de las páginas y más cosas que no vienen al caso explicar ahora, pero durante esa práctica, que dura dos sesiones, yo escribo en el pizarrón una serie de etiquetas que los alumnos, copian, entienden y modifican para entregar una página web con información sobre ellos.Observen el proceso que deben seguir, idealmente: copiar, entender y aplicar de manera creativa
Es un buen esquema de aprendizaje, sin embargo a la hora de calificar encontré un trabajo que solo había logrado llegar al primer nivel “copiar“, todo lo que entregó era lo que yo había escrito con modificaciones irrelevantes.
por lo que yo, que andaba de buen humor y veía potencial en el alumno califiqué con 6
pero para mi sorpresa el alumno en la siguiente clase saltó a mi cuello quejandose de no tener 10! el había hecho todo lo que yo había puesto en el pizarrón! por que era yo tan exigente con ellos?, pobres alumnos.
Le explique el proceso y le dije que hacer el mínimo era suficiente y suficiente es 6
de ahí al 10 hay un arduo camino de talento e interés bastante menos común.
-pero yo hice lo mismo que tu- repetía una y otra vez
hasta que le explique que todos los grandes primates podían hacer cosas por imitación, que NO le iba a poner 10 por saber copiar un pizarrón de la misma forma que no le pondría 10 por tener un pulgar oponible! me miró frustrado y se fue a su lugar y así se consumo el lujo.
De manera sorprendente mucho alumnos suponen que por estar presentes en el salón, por copiar o por tener un pulgar oponible ya merecen una calificación, pero seamos realistas, esas habilidades ya viene con el animal, no son ningún mérito!
No puedo prometer dejar de ser sarcástico, lo que si puedo prometer es que nunca seré sarcástico con la intención de herir a ninguno de mis alumnos y lo digo por que hoy durante una entrega de Arquitectura me paré detrás de una alumna y le dije:
-Buen trabajo- y ella replicó:
-qué pasó? de plano quedó muy mal??
-no, acabo de decir que lo hiciste bien!
- ay es que pensé que era sarcasmo!
Esa fue mi verdadera llamada de atención, no el berrinche del homínido.
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